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Viernes, 18 de Marzo de 2016 08:43

Acento JAPONÉS

158 metros cuadrados, 19 metros de largo, 4 ventanas y paredes y techos de hormigón. Estas eran las características del piso moscovita que llegó a manos del estudio M17. Su propietario, un apasionado de la cultura nipona y del budismo, quería que su nuevo hogar se convirtiera en un lugar zen, sin perder su identidad. La propuesta de los arquitectos de llevar hasta el interior un paisaje natural y mantener todo el espacio abierto le convenció.

La planta alargada les inspiró para crear un mueble de madera que recorriera toda la pared y que sirviera como contraste al hormigón y para ocultar la entrada principal, los muebles de la cocina, un armario y algunos de los conductos e instalaciones. Para que no resultara monótono, idearon una instalación de paneles con distintas formas geométricas y tamaños, que querían que tuviera un aspecto parecido al de un muro rocoso. A lo largo de él se situaron el salón y la cocina con comedor.

 

No contar con muchas particiones no era solo una cuestión de estética, sino también un requisito para poder aprovechar al máximo la luz y llevarla hasta el centro del piso. Allí, se instaló un jardín, "un punto emocional" como lo denominan los arquitectos, que, llegado el caso, puede transformarse en una pequeña sala de cine. Desde él salen las demás estancias: a la izquierda, encontramos el dormitorio, con una estantería que comparte con la cocina, diseñada con una inclinación que impide que pueda verse a través de ella y mantener la privacidad.

A la derecha, podemos encontrar una sala para el té, con una ventana que da a la sala de baño. Todo se ha panelado con madera, inspirándose en la estética cálida y minimalista de las casas japonesas. En la decoración también se nota la influencia del país asiático. Pocas piezas, de líneas muy sencillas y colores suaves, en las que lo que prima es la funcionalidad.

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